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16 enero 2008

Grupos que a lo mejor no conoces VI

Si tuviésemos que elegir una época y un lugar para una de las mayores innovaciones en la forma de entender la música rock del siglo XX -a los humildes ojos oídos del que escribe- no creo que fuera Washingon D.C. en los años ochenta. Venga, no jodas, la capital del Imperio del Mal, saturada de think tanks y lobbies con oscuros propósitos y encima en la Década Horrible. El caso es que ese sitio es la cuna del hardcore. Y hablamos de hardcore sesudo, bien tocado y con un aire artie, no del que se suele ver hoy en día. Por aquella época rondaba por la zona Ian MacKaye, una personita que las generaciones posteriores no recordarán demasiado -mientras que siguen alabando la figura del soplapollas de Kurt Cobain-.

No voy a hablar de Ian MacKaye ni de Fugazi, de todas formas, que de esos ya hemos hablado en su momento, aunque sobriamente. Hoy toca hablar de Faraquet , un grupo mucho más actual y de por qué llevo un mes pensando en tatuarme el nombre del frontman, David Ocampo, en la nalga derecha. La otra idea es tatuarme cerca del ojete un here be dragons.

La historia comienza como la de muchos otros grupos: amigos desde pequeñitos, David Ocampo -guitarra/voz/mostruo y un buen día deciden tirar para Nueva - y Chad Molter -bajista- tienen un grupo en su ciudad natal, Los Angeles, y se van a Nueva York vendiendo los instrumentos para pagarse el traslado. Las corrientes del Destino les llevan un día a Washington, donde montan una bandilla con un indígena, Jeff Boswell, que es el que toma el bajo mientras Molter pasa a la batería. La banda no molaba demasiado y es ahí donde deciden llamarla Faraquet y pasar a hacer math rock -sí, nena-. La historia llega a su punto álgido: empiezan a dar conciertos por la zona, los de Fugazi les ven tocar y les invitan a dar conciertos con ellos. Y ahí es cuando fichan por Dischord y graban su único largo: The view from this tower, del 2000.

Veamos los puntos a favor de este grupo: el guitarrista es impresionante, el bajista no se queda atrás y el batería se cree que es dos y además se las ingenia para que parezca que tiene cuatro brazos también. El estilo es math rock, como bien dije antes y se aleja de tantas bandas de principios de este siglo tan indies como aburridas -as featured on MySpace- y a pesar de tener siete años y pico parece que lo grabaron ayer. Además, escuchándolos puedes presumir de escuchar a gente que sólo sacó un disco en su vida y eran jodidamente buenos... También puedes no escucharlos y soltarte el moco de todas formas. Luego sueltas la de los músicos maltratados por la industria y ya eres el más moderno del grupo. ¡Todo son ventajas!. Se rumorea que vuelven, de todas formas, daos prisa si queréis molar.

Ahora mismo Ocampo y Molter -que se ha vuelto a pasar al bajo- están en Medications, un grupo con algo más de repercusión pero que a mí me parece que molan la mitad. Y como encontrar un vídeo de Faraquet que suene bien está más que complicado -hay grabaciones de directos en el YouTube, no os preocupéis-, voy a poner un vídeo de los segundos. Si os mola, ya sabéis, los otros molan más.

Y a todo esto, mi retiro francés llega a su fin, así que ahora creo que tendré más tiempo para escribir, que el camarada Guillotina se me está comiendo el blog con posts de Rosendo.


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¡Mira qué bailongo el Ocampo!