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23 agosto 2007

Vacaciones en temporada baja: Australia

El amigo Guillotina -el que escribe mucho de rock aspañó por estos lares- me tacha siempre de excesivamente sajón en lo que a música se refiere. Pues sí, qué cojones. Claro.

El caso es que mucha gente piensa que la música cantada en inglés sale sólo de los norteamericanos e ingleses y de algún escandinavo despistado, además de experimentos patrios cuanto menos poco afortunados -Nostradamus predijo que Subterfuge ficharía a Dover-. Pero no, qué va. Cuanto menos, hay joyas por descubrir más allá de la línea de Wallace.

Póngamonos en situación: Australia está a tomar por culo de aquí y la poblaron a base de delincuentes. Manda a gente así a un lugar donde no los puedas tener especialmente bien vigilados y ya tienes el negocio hecho. Al final, se convierten en nación, pero algo queda de fondo.

Así, generalizando: la mala hostia y el carácter pendenciero es, pues, parte del carácter nacional del australiano típico -ríete tú de un español del interior-. Y eso está bien, porque es lo que hace falta para hacer rock o cortar árboles en condiciones.

No voy a hablar de AC/DC, porque me tocaría contar lo mismo de siempre: cantante muerto, ponen otro que canta exactamente igual, referencias sin querer a la homosexualidad en el nombre... bla, bla, bla... Nada, hay gente que me gusta más por allí.

Allá por finales de los 70, un señor australiano con el pelo aceitoso decidió montar un grupillo de rock con un nombre que evoca a las posteriores boys band de los 90. Nada que ver, el chico se llamaba Nick Cave y la banda con nombre chungo daría paso a otra llamada The Birthday Party, cuya influencia es enorme en la música que luego se salvó de los malditos 80 y sigue molando ahora gracias a su mezcla de punk, swamp rock y retazos de free jazz y modernez: Dinosaur Jr., My Bloody Valentine, Jesus and Mary Chain, Sonic Youth y compañía. El mismísimo John Peel los apadrinó y de sus mismas cenizas salen las Bad Seeds. Después sale Grinderman, con lo que ya merecen la pena. Me gustan especialmente las Peel Sessions que grabaron.

Por otra parte, el Pub Rock toma fuerza gracias a una combinación de Baby Boom y bares abiertos hasta tarde y aunque acaban surgiendo tremendas patrañas como Midnight Oil -¿cómo han conseguido esa fama?-, otros como Beasts of Bourbon -descripción de la personalidad del cantante en una sóla cita-, sacan toda la influencia que pueden del rock de los Rolling Stones y lo amacarran de forma que Keith Richards lloraría de un ataque de ansiedad si les viese hacer de las suyas. Dos obras maestras: The Axeman's Jazz y el Black Milk. Su último disco no está mal, y si os gustan probad luego con el From the Belly of the Beast, que es un doble de directos y rarezas.

Rose Tattoo son otra de las vertientes de esa ola de pub rock. Ya tocaban blues rock cañero y divertido antes de que a los Hellacopters les saliese barba -bueno, son suecos, no deben tener mucha-. Se mantienen jóvenes a pesar de no contar ya con el alma del grupo, el guitarrista Peter Wells -que tocaba casi siempre de slide-, que la palmó de cáncer de próstata. Sin duda, los primeros álbumes.

En lo que respecta a la música actual, hay grupos que están bastante bien. Jet, por ejemplo. No puedo comentar nada, no los tengo bastante escuchados, pero suenan de puta madre sin tener demasiadas pretensiones. Aún maldigo al que me recomendó a Powderfinger, que son blandos como la mierda de pavo.

De regalo, un vídeo en un programa de televisión de Grinderman -espectacular el bigotazo de Nick Cave-. Bueno, si decidís viajar a Australia, bebed cerveza por mí. Por cierto, cachondo el canguro albino, ¿eh?

Grinderman - No Pussy Blues